miércoles, 7 de diciembre de 2016

Diarios cualesquiera I

   Tachamos otra raya. Hoy toca tiza.

   (¿He utilizado tiza alguna vez? No importa).
   Ha venido él. Ha sido interesante. Hemos jugado a algo y hemos hablado, aunque no recuerdo muy bien de qué.

lunes, 5 de diciembre de 2016

Primera aproximación al concepto de la poesía

(...)
—¿Y no es eso... un poco... inútil?
—Sí, claro, en cierto sentido lo es, pero no... no del todo.
—... Vale. Explícate.
—Pues mira, imagínate que coges dos palabras, ¿no? Bueno, pues las juntas... Bueno, que sean tres: imagina que coges tres palabras, ¿sí? Pues las juntas, las pones una al lado de la otra y, bueno, las escribes, o lo haces en tu cabeza, pero lo haces. Y una vez están juntas, bueno, eso es algo, ¿no? Quiero decir, bueno, no es nada, son sólo palabras, claro, pero significan algo, ¿no? Separadas tienen significado propio, pero al juntarlas, bueno, digamos que generan algo y ese algo adquiere, en fin, adquiere un nuevo sentido, un nuevo significado.
—Una frase.
—Ehm, sí, está claro, pero a eso lo llamamos hablar, transmitir, recibir palabras. Pero a lo que voy: no se trata sólo de poner palabras juntas, porque eso no siempre funciona. No en el sentido gramatical, claro, se da por hecho que eso siempre se hace bien, más o menos, porque si no ya no tiene sentido seguir hablando, sino en el sentido de... encajar. A veces hace falta una palabra en un sitio, del mismo modo que puedes necesitar una herramienta muy específica para una tarea. Bueno, al caso...
—Sí, venga.
—Cuando unimos palabras, cuando las enlazamos, lo que estamos haciendo es tratar de trasladar una imagen, una idea, un sentimiento hacia el exterior, hacia las otras personas partícipes del acto comunicativo. Y es precisamente eso, es como enviar un fax. Como decía alguien... Oscar... Oscar... En fin, Oscar: para escribir, sólo hacen falta dos cosas: tener algo que decir y decirlo. Porque ese es el problema en realidad. Todos sentimos cosas, claro, todos tenemos cosas que merece la pena compartir. Y supongo que el arte reside ahí, en la capacidad de hacerlo. Cada uno lo hace a su manera, por suerte, y pocos lo hacen muy bien. Supongo que también por eso es arte, ¿no?
—¿Como tú?
—No, no, yo... hago lo que puedo. Pero eso no importa. Lo que trato de decir es que el éxito está en conseguir causar en el receptor, en el lector, la misma sensación o el mismo sentimiento. O, bueno, en realidad no importa que sea el mismo, con tal de que se consiga transmitir algo. Eso también es poesía. Es difícil, muy difícil hacerlo a la perfección, aunque depende del momento y el lugar, claro. Y cuanto mejor se hace, más se acerca uno a lo que sería, a lo que llamaríamos la verdadera poesía, la verdadera literatura. Que, por supuesto, y por suerte, no son únicas, eso no tendría ningún interés.
—... Ajá. Pero, todo esto... ¿para qué?
—Bueno, la pregunta en sí es un poco tonta. Para nada, claro, pero para muchas cosas, por fuerza. No sé, somos seres que piensan y sienten y están vivos y se comunican, ¿no? Pues hacerlo, escribir, es una especie de intento de comunicarse creando belleza, pero claro, tendríamos que definir la belleza... Bueno, que no. Tenemos la necesidad de hacerlo, así que hay algo bueno, algo, por así decirlo, especial en hacerlo y en hacerlo de una determinada manera. Decía el tal Charles Beu... Boi... Bu... Sí, bueno, Charles. Charles decía que un hombre (para nuestros propósitos diremos ser humano) puede aguantar dos días sin una miga de pan, pero ¿sin poesía? ¡Jamás! Eso decía, y yo creo que tiene razón. Creo que también ayuda a dar sentido a las otras cosas; es una forma de ampliar nuestras miras en un sentido más... espiritual, emocional... lo que quieras. Creo que ayuda a completar nuestras vidas, ¿no? Ejercitar nuestra imaginación, nuestra capacidad de soñar con... otras cosas. ¿Inútil? Puede, pero también... también es necesario.

jueves, 1 de diciembre de 2016

Introducción a la aproximación al concepto de poesía

   Hola.
   Voy a escribir una serie de entradas, no sé cómo de larga, sobre lo que significan para mí la poesía y la literatura en general. No pretendo ser objetivo y no conozco terminología elegante que pueda utilizar, así que va a ser todo muy abstracto e informal. Voy a ser sesgado y voy a utilizar imágenes y comparaciones y metáforas, esto es, voy a utilizar literatura para hablar de literatura. Normalmente utilizaré los dos términos de forma indistinta, aunque mayormente me referiré a la poesía. De alguna manera, es una continuación de lo que intenté, sin mucho éxito, comunicar con mi entrada de "Escribir no (sólo) significa juntar palabras". Pero bien hecha.

   Por todo esto ruego que nadie se lo tome a mal. Lo que digo son, en efecto, aproximaciones, más o menos acertadas, y voy a tratar de transmitir lo mejor que pueda mis ideas. No son la verdad absoluta y ni siquiera son mi verdad absoluta, pero espero que contengan alguna verdad con la que más personas puedan comulgar. Igual que no son absolutas, tampoco son limitantes/limitadoras/excluyentes: que diga una cosa no quita la otra a menos que diga que así es. Dicen que definir algo es limitarlo, y yo no creo, no quiero que haya límites para esto.

   Es todo. Espero que os guste el experimento.

PS: Por supuesto, me gustaría que alguien comentara, ofreciera un contraste, diera su opinión sobre lo que plantee o lo discuta. Estaría guay, de verdad.
PPS: No, esto no cuenta como entrada del mes. Es una especie de nota. Habrá entrada(s) en diciembre como todos los meses, tranquilidad.
PPPS: En resumen, van a ser textos experimentales.

lunes, 21 de noviembre de 2016

Sobre la existencia

  Hay una casa.

 No un apartamento o un piso, no, una casa. Es una casa de esas antiguas, pero sólidas. Con los muros exteriores recubiertos con tablones de madera clara. Una cubierta a dos aguas, de teja. Tiene una chimenea sólo ligeramente torcida hacia el sur y tiene también un porche con un banco bajo y una mecedora que baila tímida con el viento. La barandilla está sucia, pero en su momento fue de color crema. Hay algunos árboles alrededor.

  La puerta principal da al comedor. Hay una lámpara con una pantalla cubierta de telarañas, un sofá muy gastado y muchas sillas con cojines deshilachados. Una mesa pentagonal en el centro. No hay televisor. El otro lado del comedor da a la cocina, a la que también se puede acceder por la puerta de atrás. Los armarios están abiertos: sólo un par contienen alguna lata de conserva. En la cocina flota un aire algo rancio.

  Entre la cocina y el comedor hay a un lado un baño y al otro una escalera muy estrecha que sólo cruje en otoño. La buhardilla está llena de baúles de disfraces, juegos de mesa y herramientas. El primer piso tiene el segundo baño, la habitación principal y una habitación secundaria. La habitación principal está presidida por una cama con dosel rodeada de armarios. Todos vacíos, también. Las perchas desnudas cuelgan desordenadas.

  La puerta de la otra habitación está cerrada desde dentro, con pestillo. La llave está puesta. Las persianas bajadas. No es muy grande. Hay una cama con sábanas limpias y una cómoda. Una bombilla solitaria pende de su cable. La cómoda tiene cuatro cajones y un pequeño armario. Los cajones están atestados de papeles escritos, rayados, subrayados y tachados.

  La puerta del armarito está cerrada. Una carpeta de gomas negra está apoyada contra ella, evitando que se abra. Dentro, sin ocupar todo el espacio, hay una pecera de cristal redondeada, abierta por arriba. En ella descansa un pez betta. Aletea lentamente. Girando sobre sí mismo. Muy, muy despacio.



   Y no somos más que eso. El sueño del pez betta que duerme en la pecera dentro de la cómoda. Nada más.