jueves, 28 de febrero de 2019

El origen de las especies, parte 1.

Voy por la calle sumido en mis pensamientos cuando me encuentro, al lado de un contenedor, un basket rebosante de libros, con un cartón en el que, escrito a mano, pone: "LIBROS GRATIS. DADLES UN HOGAR. Por favor". Aunque están en un lugar bastante visible, se me ocurre que es un poco extraño que alguien los haya puesto al lado de un contenedor si no los considera basura.

Me acerco, claro, y empiezo a mirarlos. Cuentos de Perrault, El club de los cinco, Asimov, Dostoyevsky, Molière, un Origen de las especies en encuadernación marrón, Corazón, Calderón de la Barca, Lolita...
Cojo tres libros. Me planteo coger el Origen de las especies, pero algo me impulsa a dejarlo donde está.

Continúo andando y desde un banco cercano, un señor que se parece a Cortázar y lleva también un libro viejo en la mano me mira. Me lanza una sonrisa agradable, casi cómplice.
No he caminado tres manzanas cuando me topo de frente con un puesto ambulante. A su lado, una mujer vocea:
—¡ESPECIAS! ¡ESPECIAS DE TODO EL MUNDO! ¡ESPECIAS DE ORIGEN! ¡PARA LA COCINA, PARA ADEREZAR, PARA SAZONAR, PARA ALIÑAR Y CONDIMENTAR! ¡DE ORIGEN, ESPECIAS DE ORIGEN BARATITAS BARATITAS!
Me paro en seco. Me quedo mirándola unos cinco segundos. Me doy la vuelta y echo a correr hacia el basket de nuevo, mientras la vendedora sigue gritando a mi espalda.
Cuando llego, el señor parecido a Cortázar sigue sonriendo, el basket está vacío y el contenedor a su lado está abierto. En él hay una niña de pie que dice sencillamente:
—¿Uno marrón? Se lo acaba de subir una señora a su casa, ahí enfrente.
La niña lleva un vestido amarillo y un lazo blanco en el pelo. Tiene el libro en la mano y me mira haciendo una mueca extraña. Yo miro al señor parecido a Cortázar buscando algún apoyo, sólo para ver que ha dejado de sonreír. La tapa del contenedor empieza a cerrarse.
De un salto me meto dentro, justo cuando la tapa se cierra con un silbido, y me abalanzo sobre la niña, pero en la oscuridad ante mí no hay nada: ni libro, ni niña, ni suelo.


lunes, 21 de enero de 2019

Colaboración con Sisterflow

Volvía a fracasar.

Era un héroe de pacotilla, al que incluso se le atascaban las ideas para conquistar el corazón de su vecina Alba. Ella sabía de sobra quién era, por mucho que se pusiera antifaz y peluca cuando algún malhechor hacía de las suyas. Panderetamán tenía muchas habilidades especiales, como desintegrar suelas de zapato o susurrar en los oídos de sus enemigos a kilómetros de distancia. Los ancianos de la ciudad le tenían un gran aprecio porque siempre les ayudaba a cruzar la calle, iba a la compra por ellos, se sentaba a su lado en el parque y también tiraba pan a las palomas, quienes también le amaban.

Por todo esto, Alba sentía también cosas por él, pero tenía mucha vergüenza debido a que tenía seis dedos en un pie y pensaba que Panderetamán jamás la aceptaría. Panderetamán, sin embargo, sí lo habría hecho, porque era una buenísima persona y TAMBIÉN TENÍA SEIS DEDOS EN UN PIE.

Una tarde de verano hacía mucho calor y abrieron la piscina municipal... Estaba Alba en el tobogán cuando llegó Panderetamán: justo antes de llegar al trampolín, él se fijó en sus pies; ella vio los de él justo cuando su cara entraba en el agua... Sentimientos a flor de piel...

miércoles, 9 de enero de 2019

Incomprensión (o "Piet Mondrian")

El otro día, por alguna razón, me desconcertó enormemente que mi hermano accediera tranquilamente a ponerse una chaqueta de cuero.
Luego le vi comerse un trozo de cadáver y ya entendí.

lunes, 31 de diciembre de 2018

Grietas

¿Qué ha sido de mi reino, mi sueño de sueños?

¿Tan frágil era?

Construí el castillo, el templo, los patios y salones y los jardines sobre aquel lugar abandonado y creí llenarlo de luz... Pero ¿por qué este nuevo viento me la roba? No es un viento nuevo y mucho menos desconocido, pero durante un tiempo pensé, inocente, que había construido sobre firme. Al menos lo suficiente para resistir el primer embate. ¿No? Ya empiezan a verse las grietas y los suelos crujen bajo mis pies.

¿No era el sueño de sueños? ¿No estaba lleno de color? ¿No cambió mi piel por agua, llenó de lavanda mis días y me puso el sol en la mirada?

Era real, lo sé. Quizá todavía pueda serlo. Quizá tan sólo haya que poner más empeño en preservarlo, más ahínco en defenderlo del fantasma de la plaga.