So I was watching this episode of HIMYM in which Marshall, who works for an environmental law firm, is in a case against a pharmaceutical company that has started to pollute an important lake. If he wins, they'll have to pay a fine and stop their activities regarding the toxic spills, and if he loses they'll carry on polluting it.
And throughout the episode, he has foresights of what the future of the lake will be based on how the trial is going. In these, he envisions himself talking to a teenage Marvin (his in-the-chapter newborn) while they fish in the lake, sitting on a jetty. And it's this scene that bothers me.
Marshall's professional goal has always been to "save the environment", to "protect the earth" and all that, which I find noble and praiseworthy.
In the bad future, there are no fish and basically the lake is covered with small flames. There's even a monster, a mutation or whatever. So the reality here is clear. The lake is no more a sanctuary of life: it's toxic and dangerous. And then there's the other situation, the good one.
Here the lake is peaceful and seemingly full of life and they are... Fishing. This I find particularly ironic (and sneaky). Sure, they saved the lake and now the fish are alive and healthy... But they're fishing, this is, they're killing them for their own egotistical purposes. They don't respect (not to consider love) their lives: for future Marshall and Marvin, they're just things, not living beings.
So I'm beginning to think maybe Marshall's motives aren't so laudable, so good in the end. He doesn't love the environment, he doesn't care about the fish themselves. He only likes the lifestyle that he can afford in a world that isn't ruined, a lifestyle that is still based on believing other species are inferior and therefore he can dispose of their lives. In short, he's a bit of a hypocrite. In the end it's only about himself, sadly.
Of course, this is not the only occasion in which this irony is displayed, but this is one I felt particularly vexed about, and that's it.
sábado, 30 de junio de 2018
sábado, 26 de mayo de 2018
Measuring up
Al principio jugabas a ponerte las vestiduras de reina y pasear por el salón con aire majestuoso. Cuando se dieron cuenta de lo bien que lo hacías, empezaron a llevarte a los actos públicos, algunas veces con una fina tiara.
Y ahora te ves convertida en reina. No lo has pedido, aunque sí lo has aceptado. No sabes qué significa, aunque parece que lo haces bien. No sabes si quieres el trono, pero estás pegada a él.
¿Cómo vas a saber si quieres el trono sentándote en él?
Necesitas que te expliquen cómo funciona, necesitas sentarte frente al trono y mirarlo y remirarlo y levantar el cojín rojo y tocar la madera pintada con oro. Arañar un poquito una pata, olerlo. Toda esa gente que dice que eres perfecta para el trono no lo conoce, no puede saberlo. Esto es un asunto entre el trono y tú.
¿Y si no eres apta? ¿Y si el trono no es cómodo? Sí, sí, lo hicieron para ti los mejores artesanos del reino, basándose en tu estatura, en la longitud de tus piernas, en el tamaño y grado de curvatura de tu (¿real?) trasero. De hecho, como una vocecita incómoda se encarga de recordarte, lo encargaste tú misma. Pero ¿acaso sabías lo que estabas pidiendo? Nadie sabe realmente cómo va a ser su trono hasta que lo tiene delante, por suerte o por desgracia. Pero ¿y si resulta que tras tanto tiempo jugando con los vestidos, sólo era eso lo que te interesaba? ¿Te dejarán no ser reina? No, claro que no, no puede ser nadie más, qué cosas piensas. ¿Y qué harás tú si es así? ¿Callarás? ¿Hay algo que puedas hacer?
Seguramente todas estas dudas tontas te hayan venido al tenerlo delante; es tan bonito que no sabes si encaja contigo. Él, grande y cómodo y reclinable y con reposabrazos que se pueden bajar si es necesario; tú... bueno, ya sabes, más bien enclenque, discreta, un poquitín encorvada, nada llamativo. Ni siquiera el color del pelo se salva. Te planteas, rodeando la pata con la mano y tapando el arañazo que acabas de hacer, si no deberías encargar otro, uno algo más normalito, más a tu nivel, que no sea tan bueno. Que no sea demasiado bueno para ti.
Y ahora te ves convertida en reina. No lo has pedido, aunque sí lo has aceptado. No sabes qué significa, aunque parece que lo haces bien. No sabes si quieres el trono, pero estás pegada a él.
¿Cómo vas a saber si quieres el trono sentándote en él?
Necesitas que te expliquen cómo funciona, necesitas sentarte frente al trono y mirarlo y remirarlo y levantar el cojín rojo y tocar la madera pintada con oro. Arañar un poquito una pata, olerlo. Toda esa gente que dice que eres perfecta para el trono no lo conoce, no puede saberlo. Esto es un asunto entre el trono y tú.
¿Y si no eres apta? ¿Y si el trono no es cómodo? Sí, sí, lo hicieron para ti los mejores artesanos del reino, basándose en tu estatura, en la longitud de tus piernas, en el tamaño y grado de curvatura de tu (¿real?) trasero. De hecho, como una vocecita incómoda se encarga de recordarte, lo encargaste tú misma. Pero ¿acaso sabías lo que estabas pidiendo? Nadie sabe realmente cómo va a ser su trono hasta que lo tiene delante, por suerte o por desgracia. Pero ¿y si resulta que tras tanto tiempo jugando con los vestidos, sólo era eso lo que te interesaba? ¿Te dejarán no ser reina? No, claro que no, no puede ser nadie más, qué cosas piensas. ¿Y qué harás tú si es así? ¿Callarás? ¿Hay algo que puedas hacer?
Seguramente todas estas dudas tontas te hayan venido al tenerlo delante; es tan bonito que no sabes si encaja contigo. Él, grande y cómodo y reclinable y con reposabrazos que se pueden bajar si es necesario; tú... bueno, ya sabes, más bien enclenque, discreta, un poquitín encorvada, nada llamativo. Ni siquiera el color del pelo se salva. Te planteas, rodeando la pata con la mano y tapando el arañazo que acabas de hacer, si no deberías encargar otro, uno algo más normalito, más a tu nivel, que no sea tan bueno. Que no sea demasiado bueno para ti.
lunes, 30 de abril de 2018
Quien tú eres
Algún día despertarás
y tendrás las muñecas magulladas,
el cuello rígido,
las piernas entumecidas.
Un día mirarás al cielo nublado,
te frotarás los ojos
y volverás a mirar.
Ese día despertarás
y las cadenas se habrán ido.
sábado, 31 de marzo de 2018
Cómo complementa el videoclip de "Vagabond" a la música de la canción y por qué me paro a verlo cada vez que la escucho en YouTube
El vídeo empieza con unas notas de piano algo juguetonas pero muy decididas, durante las que se muestra cómo los personajes se preparan para asistir a la fiesta de la primavera. Marineros y enfermeras. A primera vista, esto me desagradaba: no me gusta que haya roles tan marcados porque acaba siendo predecible, pero luego se verá que no es así del todo y quiero pensar que es una excusa para contar las historias que se cuentan. Al fin y al cabo, se supone que está ambientado en medio del siglo XX, así que creeeeeo que está justificado.
Es muy acertado porque son unas notas que anticipan lo que viene; que no son el núcleo de la canción pero son muy representativas de ella: van apareciendo y desapareciendo a lo largo de toda ella. Del mismo modo, de los personajes no se dice todavía cuál es su personalidad, cuál el rasgo que les va a hacer destacar, pero se les ve haciendo algo que no es propiamente asistir al baile: puedes ver mirar entre bastidores.
Abre la canción con la trompeta y ocurre una cosa muy curiosa: un contraste. La música es alegre e invita a moverse y sin embargo está todo el mundo sentado, mayormente aburrido. El mago hace un pequeño truco de magia que deja al otro marinero totalmente indiferente y ahí empieza todo: se refleja en su cara cómo le afecta eso: no son personajes perfectos en situaciones preconstruidas. Los músicos son los únicos que no parecen estar incómodos (supongo que en parte porque ellos tienen algo en lo que centrarse).
(Para tratarlo menos subjetivamente y no nombrar a los personajes por sus personalidades, que es lo que en un primer momento me surgía hacer, voy a ponerles nombres arbitarios, ¿vale? Vale).
Hombre con gafitas, Mitch; hombre que sale arreglándose el bigote al principio y que fuma, Ivan; chica alta con el pelo largo y muy bien peinado, Sabrina; chica con un parche en el ojo, Kasey; chica con el pelo muy cortito, Amélie; el mago, Albert.
Al empezar a cantar Zach empiezan también a interactuar hombres y mujeres: se sientan Mitch e Ivan con Sabrina, Amélie y otra chica. Es de notar que Ivan coge una silla y se pone donde quiere, mientras que Mitch se sienta donde hay sitio (o eso nos muestran, anyway). Kasey se sienta sola con una botella y parece apenada, o chafada, por no estar con el resto.
Iván comienza a mostrar su personalidad: quiere que Sabrina beba y sigue insistiendo a pesar de que ella se niega. Se le ve el plumero, vaya. La interacción de Mitch con Amélie es más interesante: ella, que es religiosa, ve que él juega con un rosario y le mira. Él enseguida desvía la mirada pero luego vuelva, al tiempo que ella se le acerca. Muestra su interés sin invadir exactamente su espacio como hará Iván con Sabrina en la siguiente escena: la rodea con el brazo y ella ya no oculta su fastidio.
Se calla Zach: cambio de tercio. Vuelve a sonar la trompeta y empieza el baile de la cosecha, uno rígido que marca mucho la distinción entre hombres y mujeres. El gallo empieza a dar vueltas por ahí.
Sabrina está ausente y mira a Iván: él le devuelve una mirada casi de depredador, bastante desagradable. Amélie baila con algo más de gracia y mira a Mitch: este está algo incómodo, pero no reacciona mal. El chico que nos ha descubierto al gallo se sale totalmente de su papel y empieza a perseguirlo. La chica embarazada intercambia alguna miradita con el acordeonista.
Situación de estrés: tres hombres animan a una enfermera a dar caladas a tres cigarros a la vez. Se eleva humo alrededor de Zach (quien lleva un rato cantando). Amélie consigue bailar con Mitch; él lleva su rosario puesto.
Mi parte favorita: Zach se aleja de los micrófonos y empieza a sonar una melodía que no hemos oído antes (y es pegadiza). Ivan baila con Sabrina y le echa el humo en la cara: ella pone cara de asco. Salen varias personas bebiendo. Albert se acerca a Kasey, quien sigue sentada, y le ofrece la mano. Ella, muy contenta, se la da. Pero lo que parece que va a ser el comienzo de una escena bonita se trunca cuando él (un poquete insensible), intentando impresionarla (tampoco parece que lo haga a malas), hace un truco de magia y le saca un ojo de detrás de la oreja. Ella se va corriendo, claro.
Culmen de la escena de Ivan y Sabrina: él le huele el pelo, se le acerca cada vez más y la va a agarrar de la cintura pero ella se harta y le aleja de ella de un empellón. Otro grupo de tres marineros miran a la vez y parece que se disponen a echarle una mano si la cosa se complica. Ivan se tambalea, ebrio, y Sabrina le tira una bebida al pantalón. Él no se lo piensa dos veces y le va a tirar una botella por encima, pero entonces, mientras los marineros, ya preocupados, se levantan, aparece Mitch de la nada y le detiene. Le quita la botella de la mano. A diferencia de Ivan, no tiene que ejercer la violencia: el suyo es un acto pacífico que pretende eliminar las amenazas, sin más.
Ivan sale de escena y claro, Sabrina y Mitch se miran, se sonríen... Ya hay enfermeras vomitando y soldados borrachos; en el baño, los tres marineros le dan un par de golpes a Ivan; el chico del gallo lo ha atrapado y lo levanta orgulloso; la enfermera que vomitaba sigue bebiendo... Mitch y Sabrina se miran, ya serios. Parece que ella espera algo de él, parece que hablarán, que se echará en sus brazos, que se sonreirán y será su héroe... Pero Mitch asiente sonriendo un poco y se va. ¡Se va!
Albert hace un truco de magia más y el chico del gallo encuentra también un huevo. Albert se lo saca de la boca y él se lo mete: es una escena simétrica que da fin a las actuaciones.
Cierran el vídeo como empezó: con las mismas notas que lo empezaron en una escena en la que salen marineros y enfermeras sosteniendo un cartel: "La primavera ha llegado".
Es muy acertado porque son unas notas que anticipan lo que viene; que no son el núcleo de la canción pero son muy representativas de ella: van apareciendo y desapareciendo a lo largo de toda ella. Del mismo modo, de los personajes no se dice todavía cuál es su personalidad, cuál el rasgo que les va a hacer destacar, pero se les ve haciendo algo que no es propiamente asistir al baile: puedes ver mirar entre bastidores.
Abre la canción con la trompeta y ocurre una cosa muy curiosa: un contraste. La música es alegre e invita a moverse y sin embargo está todo el mundo sentado, mayormente aburrido. El mago hace un pequeño truco de magia que deja al otro marinero totalmente indiferente y ahí empieza todo: se refleja en su cara cómo le afecta eso: no son personajes perfectos en situaciones preconstruidas. Los músicos son los únicos que no parecen estar incómodos (supongo que en parte porque ellos tienen algo en lo que centrarse).
(Para tratarlo menos subjetivamente y no nombrar a los personajes por sus personalidades, que es lo que en un primer momento me surgía hacer, voy a ponerles nombres arbitarios, ¿vale? Vale).
Hombre con gafitas, Mitch; hombre que sale arreglándose el bigote al principio y que fuma, Ivan; chica alta con el pelo largo y muy bien peinado, Sabrina; chica con un parche en el ojo, Kasey; chica con el pelo muy cortito, Amélie; el mago, Albert.
Al empezar a cantar Zach empiezan también a interactuar hombres y mujeres: se sientan Mitch e Ivan con Sabrina, Amélie y otra chica. Es de notar que Ivan coge una silla y se pone donde quiere, mientras que Mitch se sienta donde hay sitio (o eso nos muestran, anyway). Kasey se sienta sola con una botella y parece apenada, o chafada, por no estar con el resto.
Iván comienza a mostrar su personalidad: quiere que Sabrina beba y sigue insistiendo a pesar de que ella se niega. Se le ve el plumero, vaya. La interacción de Mitch con Amélie es más interesante: ella, que es religiosa, ve que él juega con un rosario y le mira. Él enseguida desvía la mirada pero luego vuelva, al tiempo que ella se le acerca. Muestra su interés sin invadir exactamente su espacio como hará Iván con Sabrina en la siguiente escena: la rodea con el brazo y ella ya no oculta su fastidio.
Se calla Zach: cambio de tercio. Vuelve a sonar la trompeta y empieza el baile de la cosecha, uno rígido que marca mucho la distinción entre hombres y mujeres. El gallo empieza a dar vueltas por ahí.
Sabrina está ausente y mira a Iván: él le devuelve una mirada casi de depredador, bastante desagradable. Amélie baila con algo más de gracia y mira a Mitch: este está algo incómodo, pero no reacciona mal. El chico que nos ha descubierto al gallo se sale totalmente de su papel y empieza a perseguirlo. La chica embarazada intercambia alguna miradita con el acordeonista.
Situación de estrés: tres hombres animan a una enfermera a dar caladas a tres cigarros a la vez. Se eleva humo alrededor de Zach (quien lleva un rato cantando). Amélie consigue bailar con Mitch; él lleva su rosario puesto.
Mi parte favorita: Zach se aleja de los micrófonos y empieza a sonar una melodía que no hemos oído antes (y es pegadiza). Ivan baila con Sabrina y le echa el humo en la cara: ella pone cara de asco. Salen varias personas bebiendo. Albert se acerca a Kasey, quien sigue sentada, y le ofrece la mano. Ella, muy contenta, se la da. Pero lo que parece que va a ser el comienzo de una escena bonita se trunca cuando él (un poquete insensible), intentando impresionarla (tampoco parece que lo haga a malas), hace un truco de magia y le saca un ojo de detrás de la oreja. Ella se va corriendo, claro.
Culmen de la escena de Ivan y Sabrina: él le huele el pelo, se le acerca cada vez más y la va a agarrar de la cintura pero ella se harta y le aleja de ella de un empellón. Otro grupo de tres marineros miran a la vez y parece que se disponen a echarle una mano si la cosa se complica. Ivan se tambalea, ebrio, y Sabrina le tira una bebida al pantalón. Él no se lo piensa dos veces y le va a tirar una botella por encima, pero entonces, mientras los marineros, ya preocupados, se levantan, aparece Mitch de la nada y le detiene. Le quita la botella de la mano. A diferencia de Ivan, no tiene que ejercer la violencia: el suyo es un acto pacífico que pretende eliminar las amenazas, sin más.
Ivan sale de escena y claro, Sabrina y Mitch se miran, se sonríen... Ya hay enfermeras vomitando y soldados borrachos; en el baño, los tres marineros le dan un par de golpes a Ivan; el chico del gallo lo ha atrapado y lo levanta orgulloso; la enfermera que vomitaba sigue bebiendo... Mitch y Sabrina se miran, ya serios. Parece que ella espera algo de él, parece que hablarán, que se echará en sus brazos, que se sonreirán y será su héroe... Pero Mitch asiente sonriendo un poco y se va. ¡Se va!
Albert hace un truco de magia más y el chico del gallo encuentra también un huevo. Albert se lo saca de la boca y él se lo mete: es una escena simétrica que da fin a las actuaciones.
Cierran el vídeo como empezó: con las mismas notas que lo empezaron en una escena en la que salen marineros y enfermeras sosteniendo un cartel: "La primavera ha llegado".
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