viernes, 30 de septiembre de 2016

Escribir no (sólo) significa juntar palabras

   Hola. Hoy vengo a dar mi opinión sobre un tema que me irrita, preocupa y (creo) concierne a partes iguales.
   Voy a tratar de ser lo más objetivo posible y dar argumentos serios, aunque no puedo garantizar que lo consiga. Vamos allá.

   Todo empezó hace unos días, cuando navegaba por Internet. Estaba ojeando una cuenta a la que sigo que publica poemas cortos, o microcuentos o micro reflexiones... Cosas así. Y publican cualquier cosa que les manden, siempre que no sea ofensivo y que no exceda cierto tamaño. En principio es un concepto muy enriquecedor: compartes tus cosas, ves cosas de otros y, muy importante, no necesitas tener fama o reconocimiento para que te publiquen (eso significa que es más fácil lograr visibilidad). Es como un mural en el que cada uno va y comparte algo que, cree, merece ser compartido.
   Y, en general, funciona bastante bien. Como es natural, aparecen en ese mural muchas cosas, algunas muy originales, otras atrevidas, otras muy tiernas, otras empalagosas... Un poco de todo. Y, como también es natural, hay cosas mejores y peores (entendamos por "mejor" una mezcla de originalidad, sentimiento, humor o inteligencia, y por peor una frase típica y refrita como "Una hora en conocerte, un día en enamorarme, una vida en olvidarte" o "Si quieres saber cuánto te quiero, cuenta las estrellas del cielo", en cuanto a que son poco originales, no contienen prácticamente sentimiento porque son tópicos, y no mucho humor o inteligencia, por lo general). Y no se reduce a frases de amor, eso son sólo ejemplos. Volveremos luego sobre esto. 

   Cambiando de tercio, admitamos por un momento que escribir es un arte. Que hay artistas de las palabras, personas que pueden hacer magia con ellas, que son capaces de crear utilizando estos extraños trozos de aire. Como artistas que son, tienen una habilidad, digamos una facilidad, para hacerlo. Hay quien tiene más facilidad para crear cosas. También tienen un estilo que, de forma ilusoria pero esperanzada, llamaremos propio (quizá único sea exagerar). Puede que parezca que divago, pero sé a dónde voy. 

   Y con ese estilo propio de cada uno, con esa forma de crear, se genera una especie de "límites" de lo que es literatura y lo que no (límites difusos y cambiantes, gracias al cielo, pero límites al fin y al cabo). No pretendo definir qué es la literatura, qué la poesía, ni mucho menos. Creo firmemente que en muchas cosas se puede encontrar la literatura si se sabe mirar el mundo de formas distintas. La cuestión es, simplemente, que algunas cosas son literatura y otras no. Algunas palabras, agrupadas de la forma adecuada, ordenadas y bien escritas, consiguen tocar algo en el lector y al agruparse de forma distinta generarían otro efecto. Otras no. Esto es algo que todos sabemos, creo.

   Volviendo al arte, y confieso que sé demasiado poco sobre el tema, vamos a poner un caso. Vamos a hablar del tan criticado arte abstracto. Yo, por ejemplo, no entiendo Number 30, Autumn Rhythm, o Slow Swirl at the Edge of the Sea, pero sé que expresan algo. Un cuadro tiene que expresar, tiene que transmitir. Y yo no puedo pintar un Pollock y hacerme rico porque, aunque podría pintar mil rayas e inventarme patrones y deshacerlos e incumplirlos, no sé hacerlo de la manera adecuada. Esto es muy discutible, pero, por favor, quedaos con esta idea: hay que tener talento, trabajarlo y saber lo que se está haciendo. No vale pintar once rayas horizontales con los ojos cerrados. O quizá sí, vale, pero hay que saber hacerlo xD.

   De la misma forma, hay gente que escribe y gente que escribe. Y no seré yo quien le niegue a nadie el (sagrado) derecho de escribir. Es cierto que cada uno tiene una forma de escribir, un estilo, una manera propia de expresar lo que lleva dentro, y es ahí donde tienen que ver los límites de que hablábamos. Dos escritoras pueden tener un mismo sentimiento y expresarlo con palabras totalmente distintas, o no, puede que se parezcan, puede que acaben diciendo cosas aparentemente opuestas... La personalidad de cada una, sus vivencias, los libros que han leído y el número de copas que han roto a lo largo de los tres últimos años condicionarán, y mucho, sus textos. Y los dos podrán ser calificados de "literatura", o de "poesía", o de vaya usted a saber qué.
   Y luego hay gente que junta palabras. No pretendo ser clasista, pero veo que hay personas que juntan palabras, las ordenan, las miran del derecho y del revés, y creen que eso está bien. Creen que han escrito algo. Puede que crean, incluso, que es profundo, que alguien se sentirá identificado con ello, que logrará tocarle la fibra a todo el que lo lea. Y a veces, ocurre que han creado una pila de palabras que no es hermosa, ni profunda, ni transmite nada de nada. Y quedan muy pagados de ello.
   Pero aún hay más. Algunas de las personas que lean eso pensarán, aunque no lo entiendan, que es magnífico porque tiene que ser magnífico. Sin pensar de verdad al respecto, sin considerarlo de forma crítica, sin darle vueltas. Y contribuirán al orgullo de la persona que ha escrito eso.
   Sé que no estoy dejando nada claro, pero un momento más, por favor.

   Volviendo a mi anécdota de Internet, estaba paseando la vista por el mural y me encontré con esto:

Entre la espada y la pared
languideció su corazón,
inocente de que en el amor
también existe el dolor

   ¿Me perdonaréis si os digo que me parece basura? Como sé que no, lo diré de otra forma: han cogido una frase hecha ("entre la espada y la pared"), han cogido un palabra que suena a culto ("languideció"), sospecho que han confundido dos palabras (inocente por inconsciente) cometiendo una especie de dequeísmo, han cogido algo de léxico típico amoroso y han hecho una rima. Y eso es lo que han publicado. Es cierto que, analizándolo, tiene sentido, pero, tras pensarlo bastante, creo que es un batiburrillo recargado que no consigue transmitir bien lo que quiere. Si es que realmente hay un sentimiento y no es sólo un grupo de palabras ordenadas con una ruleta, vaya.
   En resumen, que no. Que no creo que todo lo escrito sea literatura, y que creo que todos deberíamos pensar más en lo que escribimos y en lo que leemos. Que cualquiera puede juntar palabras, pero de ahí a llamarse poeta hay un trecho bien largo.

   Y hasta aquí por hoy. Si alguien cree que me equivoco, o que hace falta algún matiz, agradeceré que lo indique en los comentarios.

   Buenas noches y feliz octubre.
   (Cómo me gustaría que los meses se escribieran con mayúscula).

miércoles, 17 de agosto de 2016

De desencuentros

   Son malos tiempos para la caza de tesoros. Antes era todo tan fácil como penetrar en la cueva, pala y candil en mano, y salir arrastrando oro, plata y diamantes, mientras que ahora se parece más a meterme en la cueva con los ojos cerrados y sin luz. Y sin pala, claro. No sé dónde demonios habré puesto mi pala.

   ¿He vaciado ya la cueva? ¿O es, acaso, que me han robado? ¿O siguen los tesoros ahí, sólo que ya no soy capaz de distinguirlos, separarlos, extraerlos? Me aterra esa posibilidad porque, al fin y al cabo, ¿de qué sirven los tesoros si no los puedo ver? Saber que están ahí no hace sino frustrarme. ¿Y si no puedo llevármelos? ¿Y si puedo verlos, tocarlos y, de alguna forma despreciable y enfermiza, disfrutar de ellos, pero no puedo sacarlos de la cueva? Podría venderlos y transferir, de alguna forma, su propiedad, pero a nadie le servirían de nada. A menos que montara un museo en mi cueva, aunque no sé si tengo derecho a hacer eso. Pero tampoco quiero, en realidad. Pensándolo bien, ¿me he equivocado de cueva? Aunque lo sabría, supongo. Es mi cueva. Tampoco sé entrar en otras cuevas: de hecho, ni siquiera sé si existen otras cuevas.

   Yendo un paso más allá, enfrentándome al problema de verdad: ¿me he confiado demasiado y mi cueva ya no existe? Sé que ha existido: de eso no me cabe la menor duda (y si cuestionara eso tendría que cuestionar todo lo demás, incluso a mí mismo), pero nunca he sabido si existiría indefinidamente: puedo afirmar que no sé si mi cueva existirá. Así que la gran pregunta es: ¿es ahora el momento en que mi cueva ha existido y ya no podrá existir porque ya no existe? En otras palabras, ¿está dejando de existir en este preciso momento? (Suponiendo, claro, que pueda dejar de existir y que ese paso de la "existencia" a la "no existencia" sea gradual o, cuanto menos, no instantáneo). Y, si es así, ¿puedo evitarlo? ¿Cómo encuentro la marcha atrás, cuando ni siquiera sé si hay una marcha que avance?
   Y si decido ponerme metafísico y recuerdo muy oportunamente que la cueva es producto de mi voluntad, y que aun así, no tengo confirmación de que exista, puede haber dos causas. En primer lugar, podría ser que mi voluntad no fuera que la cueva existiera (o que mi voluntad fuera que, activamente, la cueva no existiera), pero eso es mentira, porque deseo fervientemente, o mejor dicho, necesito, o aún mejor, necesito querer que la cueva exista. Lo que nos deja con la segunda, si cabe más paradójica, posibilidad: que mi voluntad no exista. Entonces, la cueva, desde luego, no existiría, porque no habría causa. Pero sé con la misma certeza que mi voluntad, insisto, es que la cueva exista y que, además, haya tesoros en ella.

   Por lo tanto, la única conclusión a un tiempo lógica y posible es que yo no exista.Y si yo no existo, bueno, entonces mejor que me calle.

domingo, 17 de julio de 2016

Pequeña lección de autoobservación y humildad

[Verano. Uno sale de la ducha y se sienta entre todos, recién vestido. Dos entra en escena)

U: Uh, maldigo a todos los demonios, qué calor hace...
D: No, en realidad no es que haga más calor que antes. Lo que pasa es que te acabas de duchar con agua helada y la temperatura se ha mantenido casi constante. Al entrar en la ducha has sentido bastante frío, claro, pero enseguida has pasado a estar cómodo y aliviado. Y después de acostumbrarte a ese entorno has salido, para encontrarte con la misma temperatura, que por el nuevo cambio, a ti te ha parecido mucho más elevada. De hecho, el calor que sientes es prácticamente equivalente al frío que... Bueno... Aunque supongo que eso... Ya... Lo sabes. ¿No?
U: Sí, la verdad es que sí, pero gracias, Dos. Bien dicho.

sábado, 25 de junio de 2016

Soplos de aire fresco (se ruega lean y comenten)

   Introducción no-breve

   Hola a todo el mundo.
   Hacía tiempo que no me dirigía a los lectores y lectoras (usaré el masculino por costumbre, pero que por favor nadie de ningún género se sienta en exclusión) del blog. Suponiendo que haya lectores, claro.

   La gente que me conoce un poco sabe que soy, en muchos aspectos, una persona voluble. Muy voluble. Y lo soy también en lo que respecta a la imagen que doy de mí mismo en todas partes: a la imagen que dan mis cosas en todas partes. Si por mí fuera, lo cambiaría todo constantemente, porque la mayoría de cosas no me convencen lo suficiente para mantenerlas por mucho tiempo.

   Sin embargo, con este blog es distinto. No porque todo en él me parezca inmejorable, ni mucho menos. La razón de que la imagen de este blog haya permanecido básicamente invariable durante estos casi cuatro años es que quería evitar a toda costa la inconstancia, la inestabilidad, el continuo cambio motivado por razones poco sólidas. Y, contrario a mi forma de ser y comportarme, esto está, como quien dice, igual que el primer día. Y ahora toca cambiar.

   El cambio ya no es caprichoso, la motivación es sólida. Quiero cambiar porque parece un buen momento para actualizarse, quitarme el polvo y el óxido. Pensándolo con calma, creo que es hora de mudar mi piel de serpiente y renovarme un poco. Ser lo mismo, pero serlo de otra manera.

   ¿Qué quiero cambiar y a qué estoy abierto?

   En primer lugar, la dirección de arriba. Sé que en algún momento, y durante un tiempo, me representó bastante bien, pero, como decía, yo ya no soy lo que era. E "idiota-sabio" me parece ahora incluso pretencioso. Y detesto parecerlo. No es esa la imagen que quiero dar. Por eso he encontrado una sinestesia fascinante, que creo que va sustituirá a mi dirección actual. Éste es un aviso importante, porque significa que la dirección que hasta ahora seguíais quedará invalidada.

   En segundo lugar, me planteo cambiar el propio título del blog. Sí, suena muy bonito, pero ¿representa lo que hay aquí dentro? No lo sé. De hecho, pensarlo me molesta un poco, porque este nombre me parece, cuanto menos, irritantemente típico. De hecho, "El blog de un soñador" ya existía antes que este blog, pero hace ya tiempo que adelanté a ese otro blog, que ahora aparece justo debajo del mío al buscarlo en Internet. (Lo cual me hace muy feliz). La verdad es que justo en este aspecto no tengo ideas, y agradeceré cualquier propuesta que me sirva de punto de partida para un nuevo nombre para el blog.

   En tercer lugar, el fondo. De verdad, yo no quería, a mí me gusta mucho mi fondo, pero se me ha comentado recientemente que es excesivamente... ¿Tétrico? Una de las frases fue: "Bueno, es que si entro yo ahí y veo ese fondo, salgo corriendo". No es muy alentador, la verdad. Pero puestos a cambiar cosas, me he puesto a hacer probatinas editando la imagen del fondo que ahora tengo y están saliendo cosas chulas, la verdad.


   Y creo que eso es todo. Esta entrada es un aviso para que cuando lleguen los cambios no pillen a nadie desprevenido. De todas formas, todavía se podrá acceder al blog desde mi perfil, así que que no cunda el pánico.

   Os invito, a opinar ahí abajo, donde los comentarios: a proponer cosas que no haya dicho y os gustaría ver, a dar ideas, a criticarme, o lo que sea. Ya se sabe. El cuadro de vuestro comentario es eso: vuestro. Me hace mucha falta saber que opináis, y os lo agradeceré mucho si me lo hacéis saber.


   Un saludo algo ansioso a todas. Las personas.